Para mantener su credibilidad, la inteligencia artificial necesita un periodismo confiable
Las personas se informan cada vez más a través de chatbots de IA, pero sin información verificada, esos sistemas proporcionan respuestas inexactas.
Un análisis de más de 680 millones de referencias individuales hechas por chatbots populares como ChatGPT, Claude y Gemini reveló que el periodismo representa el 27 % de estas.
En su ensayo de 1967, Verdad y política, la filósofa Hannah Arendt escribió que “la libertad de opinión es una farsa a menos que se garantice la veracidad de la información y que los hechos mismos no estén en disputa”. Las noticias proporcionadas por periodistas confiables han sido durante mucho tiempo una fuente indispensable, sin las cuales las sociedades democráticas no pueden funcionar eficazmente. Pero a medida que la gente depende cada vez más de los chatbots de inteligencia artificial (IA) para informarse, desviando tráfico y ganancias de medios de comunicación que a menudo operan con presupuestos muy ajustados, el buen periodismo corre el riesgo de desaparecer.
La paradoja reside en que las fuentes de noticias fiables son esenciales para la credibilidad de la IA. No reconocer esta dependencia podría provocar que las herramientas de IA desestabilicen aún más la industria periodística en un momento de profunda convulsión y erosión democrática. Mariya Gabriel, subdirectora general de Comunicación e Información de la Unesco, lo expresó con claridad en el Congreso Mundial de Medios de Comunicación en junio: “Apoyar el periodismo no es un lujo. Es infraestructura democrática”. Casi al tiempo, la Unesco puso en práctica este principio al presentar un proyecto de ‘Orientaciones sobre remuneración justa por las noticias’, cuya versión final se espera para finales de este año.
Apoyar el periodismo no es un lujo. Es infraestructura democráticaMariya GabrielSubdirectora de Comunicación e Información de la Unesco
Generar confianza
Las empresas de IA tienen la responsabilidad de contribuir al sostenimiento de las instituciones que producen la información con la que se entrenan y reproducen sus modelos, ya que cada respuesta generada por la IA depende del conocimiento que alguien tuvo que descubrir, verificar, investigar, editar y publicar previamente.
Un análisis de más de 680 millones de referencias individuales hechas por chatbots populares como ChatGPT, Claude y Gemini reveló que el periodismo representa el 27 % de estas, cifra que asciende al 49 % en el caso de consultas sobre eventos recientes. Sin información verificada de fuentes externas, los sistemas de IA no solo proporcionan información inexacta o desactualizada, sino que también se degradan.
Apoyar el periodismo también ayudaría a las empresas de IA a ganarse la confianza del público, ya que solo el 20 % de las personas en el mundo confían en las respuestas de los chatbots. Esta cautela parece justificada. Un estudio de 2025 realizado por la Unión Europea de Radiodifusión y la BBC evaluó más de 3.000 respuestas de los principales asistentes de IA y descubrió que el 45 % contenía al menos un problema significativo y que el 31 % presentaba graves fallos en la obtención de información.
La propuesta de la Unesco busca abordar este problema mediante el establecimiento de un marco basado en la responsabilidad compartida, a la vez que protege los derechos humanos y la libertad de prensa. Este enfoque, que considera el periodismo no solo como una industria, sino como un bien público cuya sostenibilidad garantiza el acceso a información fiable, aboga por el uso de códigos de negociación, mecanismos de competencia, fondos públicos y financiados por las plataformas, y licencias colectivas. Estas herramientas se complementarían con obligaciones de transparencia y atribución, así como con protecciones para los medios de comunicación locales y de menor tamaño.
La verdadera fortaleza de la propuesta de la Unesco reside en que desplaza el debate del derecho de autor hacia el interés público en preservar fuentes de información precisas y fiables. La Asociación Mundial de Editores de Noticias (WAN-Ifra), de la que soy director ejecutivo, respalda sin reservas este enfoque.
Durante dos décadas, internet se basó en un acuerdo viable: los editores invertían en periodismo y las plataformas tecnológicas ayudaban al público a descubrirlo. Sin embargo, la llegada de los chatbots con inteligencia artificial que responden preguntas directamente, en vez de remitir a los usuarios a los medios de comunicación que invirtieron en encontrar esas respuestas, ha roto ese acuerdo.
Debemos crear un nuevo modelo de intercambio de valor. Como señaló A. G. Sulzberger, editor del New York Times, a los delegados del Congreso Mundial de Medios de Comunicación, las empresas de IA deberían “apoyar el flujo saludable y sostenible de información, ideas y creatividad” que impulsa su tecnología. Esto no es caridad; es interés propio bien entendido. Toda empresa de IA está ante una crisis de desinformación al descubrir la dificultad de reconstruir la confianza perdida. Los algoritmos no pueden replicar el riguroso proceso de verificación ni el juicio editorial profesional de los medios de comunicación independientes.
Una compensación justa no debe considerarse una carga regulatoria. Es una inversión en información confiable, resiliencia democrática y la credibilidad a largo plazo de la IA, una tecnología que, contrario a la narrativa popular, medios de comunicación y periodistas están adoptando. Por ejemplo, los periodistas de investigación utilizan la IA para analizar miles de documentos y registros públicos, lo que les ayuda a identificar patrones, conexiones y anomalías que de otro modo tardarían semanas o meses en descubrir. Esto les da más tiempo para hacer lo que la tecnología no puede: verificar los hallazgos, cultivar fuentes, hacer preguntas difíciles y establecer qué sucedió realmente.
Construir un futuro en el que tanto la IA como el periodismo puedan prosperar es una responsabilidad compartida por medios, legisladores y empresas tecnológicas. La Unesco ha dado un paso importante para hacer realidad este futuro, y sus directrices merecen un amplio apoyo mundial. El éxito del ecosistema de la IA dependerá no solo de la sofisticación de sus algoritmos, sino también de la continuidad de fuentes de noticias fiables, diversas y económicamente sostenibles.
