El ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y líder de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado falleció esta mañana a los 77 años en su casa de Parque Leloir. Las repercusiones de una noticia que sacude a la música y la cultura argentina
La muerte del Indio Solari este 5 de junio impactó a la escena musical y cultural argentina. El ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció en su domicilio de Parque Leloir, en la localidad bonaerense de Ituzaingó.
Según pudo saber Teleshow, se realizará una autopsia “por protocolo” para que quede establecida la causal de muerte.
Solari era conocido por su bajo perfil y su relación esquiva con los medios tradicionales. Su última aparición pública fue en enero, a través de un mensaje tras recibir el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La noticia golpeó de lleno a los fanáticos de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota y a quienes siguieron su carrera solista. Y, como ocurre cada vez que se va una figura de esa dimensión, las palabras que dejó grabadas volvieron a circular con una urgencia nueva.
Entre esas palabras, las de su última aparición en Caja Negra, el programa de Julio Leiva en Filo News, recuperaron una atención particular. Allí, el cantante habló de su familia, de su hermano militar, de su padre y de la vez que desertó del servicio militar con una maniobra que mezcló audacia, aburrimiento y un humor que solo él podía tener.
La conversación arrancó con una observación que Leiva lanzó casi como al pasar: en una misma familia habían salido un hijo militar y un hijo hippie. El Indio lo confirmó sin vueltas y fue directo al dato que lo definía todo: durante años, en los asados familiares, perdía “dos a uno”.

“La familia nos dio cabida a los dos”, dijo. Su hermano había cumplido el libreto completo. A los 22 años ya era subteniente, en una época en que el ejército todavía cargaba con cierto prestigio social. A los 23 se casó, tuvo hijos, hizo exactamente lo que el padre esperaba. Él, en cambio, aparecía en esas reuniones con compañía poco convencional. “Estando en Valeria, cuando iba a la casa de ellos, aparecía, el gordo Pierre con una tipa que estaba empastillada, todo y todo un desastre”, recordó entre risas. La familia les dio cabida a los dos, dijo, pero la asimetría era evidente y él la vivía con la conciencia clara de quien sabe que ocupa el lugar incómodo.
Esa incomodidad tenía, sin embargo, un contrapeso que el tiempo terminaría acomodando a su favor. Cuando tuvo que irse de La Plata para no hacer la colimba: “Hubo un momento en que tuve que rajarme de La Plata y me llevé mis libros para allá, para Valeria. A todo esto, estamos hablando de Valeria, que es del partido de Pinamar, que todo era de tierra, caían cuatro gotas y te tenías que quedar”. Pero fue ahí donde dejó su biblioteca, y esa biblioteca cambió algo en la dinámica familiar.
